La pintora coruñesa Greta Chicheri llegó a Fuerteventura para vivir una aventura de verano con sus amigas y acabó echando raíces en la isla, que ha influido en su obra hasta el punto de que, como ella misma comenta, los expertos la consideran más una artista canaria que gallega. Gran defensora de la creatividad y de las tareas manuales, dice sentir preocupación ante la posibilidad de que el avance de tecnologías como la inteligencia artificial lleve a la sustitución del factor humano. Sobre lo que pretende con sus cuadros, explica que quiere que estos «causen impacto y sentimiento a primera vista».
-¿En qué momento de tu vida tomaste la decisión de dedicarte a la pintura?
-Desde pequeña siempre me gustó pintar. En clase siempre estaba garabateando y recuerdo que, ya a finales de la EGB o en BUP, con la asignatura de Plástica, que era una optativa, le hacía los trabajos a algunos de mis compañeros. Fue la profesora de aquella asignatura la me dijo: “¿tú vas a dedicarte a esto no?”. Entonces no tenía muy claro lo que quería hacer, pero ella me dijo aquello con tanta seguridad que hizo que me planteara muy seriamente tomar este camino. Ya después, mientras cursaba la carrera (Bellas Artes) y con todo lo que vino después, se reafirmó mi vocación artística. La verdad es que, para mí, cada día en mi estudio es un privilegio. Vivir de mi obra es algo que, hace tiempo, no habría visualizado ni en mis mejores sueños. De hecho, me sigo sorprendiendo cada vez que vendo un cuadro. Es una maravilla poder vivir de mi pasión.
-Es que en el mundo del arte es muy difícil triunfar y mucha gente con aptitudes para la pintura se queda por el camino y nunca llega a cumplir ese sueño que a ti sí se te ha realizado.
-Pues sí. Hay gente muy buena que luego no vende bien o no alcanza reconocimiento y los que se dedican a otras disciplinas artísticas (escultura, vídeo arte…) lo tienen aún más complicado que los pintores. Sí que es verdad que en España hay menos coleccionismo que en otros países. La mayoría de mis clientes son alemanes, polacos… En otros países europeos es más habitual la compra de obra original. Los españoles gastan mucho dinero en coches, en ropa, relojes, joyas y en cosas que se ven más. En el centro y norte de Europa es más frecuente que la gente gaste en cosas que no se enseñan tanto hacia el exterior y, por eso, compran arte. Aquí en Fuerteventura hay muchos extranjeros y eso es algo que quizás también me ha ayudado.
-¿Recuerdas el primer cuadro que vendiste?
-Perfectamente. Fue un cuadro que vendí por 200 euros, una tablita de madera que tenía pintada una furgoneta amarilla en la playa. Recuerdo que me hizo muchísima ilusión. En aquella época aún combinaba la pintura con otros trabajos, como el de dar clase a niños. Aquella venta me ayudó a dar el paso para dejarlo todo y dedicarme sólo al arte.
-Hablas de trabajos como el de dar clases de pintura a niños. ¿Fue muy largo y difícil el camino hasta el momento de dedicarte en exclusiva a tu obra?
-Sí. Dar clases me ayudó a ganar algo de dinero, también trabajé en una empresa de publicidad en Madrid, como diseñadora gráfica, pero la verdad es que los ordenadores no son mi medio. También aprobé la oposición para ser profesora de Dibujo de Secundaria y Bachillerato en Andalucía, pero nunca tomé ese camino. Hubo momentos en mi vida en los que estuve un poco perdida, pero soy pertinaz y tras mis primeras exposiciones lo demás fue llegando solo.
-¿Por qué decidiste irte a Fuerteventura?
-Pues cuando estaba estudiando en Madrid había pedido una beca, la Fullbright, pero me la denegaron porque suspendí el examen de inglés. Me quedé perdida, sin saber qué hacer y, como mi hermana estaba en la isla, me vine con unas amigas. Vivíamos todas en un apartamento con un montón de gente y yo trabajaba de camarera en una discoteca los fines de semana. Muy hippie y loco todo. Fue una época muy divertida. La vivienda tenía vistas a la isla de Lobos y ese fue el paisaje que pinté en mis primeros cuadros.
-Y después tus amigas se fueron y tú echaste raíces en la isla.
-Exacto. Recuerdo que mis amigas me decían que en invierno anochecería muy pronto y que sería un rollo, pero yo estaba muy a gusto en la isla y decidí quedarme. Me encanta la playa y no quería ni más lluvia ni más tráfico como el de Madrid, así que en Fuerteventura encontré mi sitio.
-¿Ha influido mucho la isla en tu obra?
-Totalmente. Me causó una gran impresión, cuando llegué, ver un paisaje tan diferente al de Galicia. Aquello fue un shock estético que me llevó a pintar. La influencia es tal que a mí, aunque soy gallega, me consideran una pintora canaria y mi obra forma parte de colecciones de arte contemporáneo canario como la del CAAM. Los historiadores y críticos me conectan con la pintura indigenista canaria y con la Escuela Luján Pérez. No lo busqué de forma expresa, pero desde un principio fui por un camino pictórico canario, sin duda el paisaje fue el que llevó por esos derroteros.

-¿Cuántos cuadros puedes llegar a pintar en un año?
-Cuando alguien me pregunta cuánto he tardado en pintar un cuadro siempre respondo que 43 años, que es la edad que tengo. Esto no va de cuánto tiempo se tarda en pintarlo, porque hay cuadros que yo tengo en la cabeza pero que tardo un montón en pintar, otros que me salen en seguida, otros que dejo meses y meses olvidados porque no me salen y que luego recupero… Pinto bastante, así que tengo una producción bastante grande. Hago siempre una exposición al año y también vendo por mi cuenta. Pero un cuadro no es lo que se tarda en pintarlo, tanto es así que a veces tardo más en hacer el boceto que en pintar el propio cuadro.
-¿Tienes clientes asiduos que admiran tu obra y que te hayan comprado ya varios cuadros?
-Sí, hay muchos coleccionistas que repiten.
-Comentaste que los españoles son más de comprar coches, joyas o relojes que obras de arte. ¿Es el arte una buena inversión?
-Por supuesto. El arte es una inversión, aunque yo no lo entiendo como tal. Entiendo el arte como algo con lo que uno va a convivir. Incluso los coleccionistas que no tienen espacio para colgar todo en su casa y tienen algunas de sus obras en depósitos la ven y la admiran. Es cierto que ahora hay hasta gente que invierte en arte y compra una porción de un cuadro. Cuadros muy caros que se fraccionan para que puedan comprarse como acciones de una empresa. El arte es un valor seguro, al igual que lo son el oro y la plata, pero, como dije, yo no entiendo el coleccionismo de esa manera. Está claro, en todo caso, que el arte es una inversión y yo, de hecho, cada año subo los precios.
«Me encanta la playa y no quería ni más lluvia ni más tráfico como el de Madrid, así que en Fuerteventura encontré mi sitio»
-Has expuesto en Barcelona, en Madrid… ¿Es exponer en Galicia y, en concreto, en A Coruña una de tus asignaturas pendientes?
-Diría que en España ya no tengo asignaturas pendientes con las exposiciones. Por supuesto, me encantaría exponer en Galicia, pero he expuesto en las que considero de las mejores galerías españolas… Es algo que me gustaría, sobre todo para que pudiera ir mi gente sin tener que coger un avión, pero no diría que eso es una asignatura pendiente.
-Como pintora, ¿qué opinas de la irrupción de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial y qué efectos crees que tendrá en el mundo del arte?
-Me da mucha pena pensar en que las tecnologías puedan llevar a la sustitución de lo analógico o manual. Afortunadamente, por ahora, todavía no ha llegado ese momento, aunque profesionales como los fotógrafos están ya muy preocupados porque la inteligencia artificial les está comiendo terreno. A los pintores no nos afecta del mismo modo que a otros artistas. La verdad es que a mí no me gusta nada todo eso, es más, hasta prohibiría el uso de la inteligencia artificial en algunos casos porque me parece deshumanizadora y engañosa.
-Imagino que los ilustradores lo tendrán muy complicado.
-Pues sí. Además supongo que la inteligencia artificial avanzará cada vez más y lo hará cada vez mejor. A eso hay que sumar que crear una imagen con la IA sale mucho más barato. A mí me da pena, aunque supongo que es algo que no quedará más remedio que aceptar. En mi caso, quien compra alguno de mis cuadros está pagando por algo original, único. Paga por mi mano y por eso a mí la IA no me come terreno, pero si pienso en otros trabajos, como dije, siento preocupación. Que conste que creo que la originalidad de un escritor por ejemplo, por ahora, no la puede tener una máquina, porque no llega a los niveles de creatividad de un ser humano.
-Quizás nos estamos acostumbrando a la inmediatez y eso no casa bien con el arte, que no es algo concebido para el consumo rápido.
-Sigo confiando en que siempre habrá personas que no caigan en esa cultura de la inmediatez. Además, donde yo vivo, la gente escapa bastante de eso. Todavía veo gente que aprecia la lentitud. La vida es aquí más lenta que en las grandes ciudades.
«En mi caso, quien compra alguno de mis cuadros está pagando por algo original, único. Paga por mi mano y por eso a mí la IA no me come terreno»
-El turismo es muy importante para Fuerteventura, ¿afecta mucho a vuestro día a día en la isla y a tu inspiración como artista?
-Es un producto de la globalización y tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Yo siempre tengo en cuenta esa balanza. Si, por ejemplo, me voy a surfear y me encuentro la playa llena de gente, me molesta, pero, por otra parte, si hay más gente, puedo vender más obra. ¿Qué prefiero yo? Pues supongo que un equilibrio pero siempre priorizando la sostenibilidad ambiental de este territorio único y limitado y valorando la soledad del espacio como uno de los mayores lujos.
-¿Es el surf otra de tus pasiones?
-Sí, me gusta mucho el surf. También me gusta montar a caballo, viajar…
-El crecimiento del fenómeno turístico, que en determinados destinos llega a la masificación, propicia que contemplar de forma pausada cuadros como La Gioconda en el Museo del Louvre sea cada vez más complicado.
-Es que los museos se han convertido también en un elemento del turismo de masas y son muy visitados, esto es algo positivo aunque tiene sus inconvenientes. Quizás, si yo ahora mismo voy a París, prefiero ir a ver otro cuadro en vez de La Gioconda. Por supuesto, he visto La Gioconda, pero ahora preferiría ir a otra sala y ver otros cuadros más tranquila. Yo huyo de las masificaciones. Hay gente que está más preocupada por estar en el lugar donde está el cuadro y dejar testimonio de ello que de admirar el cuadro en sí.
-¿Qué opinas de las redes sociales?
-Redes sociales como Instagram ayudan mucho al negocio de los artistas, aunque ver una obra en Instagram no tiene nada que ver con verla en la realidad. Mi obra cambia mucho según se vea en una pantalla o en físico. Las texturas, el color… Es algo totalmente diferente.

-Aunque seas artista y estés metida en el mundillo, ¿hay obras de arte contemporáneo que te resultan difíciles de comprender?
-Hay obras que son una invitación a pensar sobre el arte. Es una parte muy interesante del arte, que debe intentar siempre motivar una reflexión. No me gusta mucho explicar mis cuadros, aunque sí tienen un porqué, siempre relacionado con mis vivencias personales. Pero quiero que den una sensación a primera vista, sin necesidad de que se expliquen. Hay muchos tipos de arte y el arte puede disfrutarse de múltiples maneras.
-¿Alguna vez has visto una obra que te horrorizara o te resultara desagradable?
-Por supuesto, me ha pasado muchísimas veces. En la ferias importantes hay cosas que me parecen verdaderas ocurrencias que a mí no me llegan. Un plátano pegado en la pared, a mí, pues no. Detrás de ese tipo de obras también hay mucho marketing. La palabra pintada de Tom Wolfe describe de forma cómica este tipo de arte que depende de la crítica (la palabra).
-Dicen que el arte es la búsqueda de la belleza y, en cambio, hay determinadas obras que parece que buscan justamente lo contrario.
-Bueno, sí, lo que pasa es que hay que reflexionar acerca de lo que entendemos por belleza. El cuadro de Saturno devorando a su hijo, de Goya, es increíble, aunque no tenga la belleza que puede tener, por ejemplo, La Venus de Botticelli u otra pintura renacentista. Tampoco un cuadro está ahí para ser amable. Alguna vez sí, pero, en muchas ocasiones, el arte que nos revuelve y nos emociona no es precisamente el más bello en el sentido literal de la palabra. Hay corrientes como el Accionismo Vienés, cuyos artistas se infringían daño a sí mismo y utilizaban materiales como heces y sangre, que podrían entrar en lo que se considera mal gusto, pero incluso ahí todo tenía detrás unas circunstancias y un contexto histórico. Creo que el arte del «mal gusto” también tiene que existir.
-¿Hay mucho postureo entre los visitantes de las exposiciones de arte?
-No, para nada. Y cuanto mejor es una exposición, menos postureo se ve. Es algo que quizás pueda pensarse que existe por las películas, pero yo, en las exposiciones de la vida real, no veo ese postureo.
Test rápido a Greta Chicheri
-Una ciudad.
-Madrid.
-Una comida.
-Pollo con papas fritas.
-Un libro.
–El verano que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac, de los últimos que leí.
-Una película.
–La jetée, de Chris Marker.
-Un pintor.
-Gustav Klimt.
-Un cuadro.
-Alguno de los de gran formato de Juan Uslé, que es la última exposición que visité en el Reina Sofía.
-Un grupo de música o músico.
-Extremoduro.
-Una canción.
–Wild Horses, de los Rolling Stones.
-Un personaje histórico.
-Nefertiti.
-Una afición.
-El surf.
-Una fobia.
-El papeleo, la burocracia.


