La suspensión de fiestas de Halloween por el accidente ferroviario desata el debate: ¿guardar el luto o preservar la ilusión de los niños?

fiestas Halloween

El trágico accidente ferroviario ocurrido en la localidad toledana de Urda ha llevado a muchos ayuntamientos y colegios a suspender las fiestas que habían organizado para celebrar Halloween y esa decisión ha desatado un encendido debate entre quienes apoyan la medida por considerarla razonable e incluso obligada y quienes, por el contrario, consideran que ésta sólo sirve para robarles la ilusión a quienes iban a participar en los festejos, sobre todo a los niños.

Los que están de acuerdo en que no procede celebrar ningún tipo de fiesta de Halloween sostienen que, con un suceso tan trágico como el accidente ferroviario tan reciente, resulta de mal gusto salir a las calles o acudir a los centros escolares con disfraces y divertirse como si nada hubiera ocurrido. Los más firmes defensores de esta postura dicen no comprender cómo es posible que haya personas que se ponen atuendos alusivos a la muerte que serían perfectos para una noche como la de Halloween de no ser porque esa fiesta llega este año en la semana en la que ha ocurrido uno de los sucesos más luctuosos de la historia reciente en España.

«Ver hoy a un niño disfrazado de la muerte y a su madre con la guadaña camino del colegio para celebrar Halloween me ha encogido el corazón. Con compatriotas aún sin rescatar en Urda, cuesta entender esta desconexión y falta de empatía», escribió Minero 52 (@Minero_52) que, de forma respetuosa, se posiciona a favor de quienes optaron por suspender las fiestas de Halloween.

Frente a los favorables a la cancelación de las celebraciones se levantan quienes, partiendo del presupuesto de nada va a cambiar lo ocurrido en Urda, defienden que carece de sentido robarles la ilusión a los niños (y a los no tan niños). «Me acabo de enterar de que en algunos colegios han suspendido el Halloween por el accidente. ¿Qué culpa y qué necesidad hay de joderle la ilusión de disfrazarse a unos críos porque hubiera una catástrofe hace tres días? ¿Podemos dejar a los niños vivir con alegría?», critica Hartopo Do (@Hartopodetodo), que concluye su publicación llamando «hijos de puta» a quienes tomaron al decisión de suspender las fiestas y, por extensión, a quienes apoyan esa medida.

Por supuesto, ante comentarios como éste, los partidarios de guardar el luto y de no celebrar fiestas de Halloween replicaron con sus opiniones. «Los niños tienen que aprender a tener empatía por los demás. No es plato de buen gusto celebrar Halloween con lo que acaba de pasar en Urda. Tengamos conciencia de que nos podía tocar ir en esos trenes», comenta Vane Chulina 1990 (Vane_ivars1990).

Como en todos los debates que se originan a raíz de una polémica en las redes sociales, hay multitud de opiniones en uno y otro sentido. Aunque son muchos los que están de acuerdo con la suspensión de las fiestas, también lo son los que dicen no comprender cómo un trágico accidente puede llevar a la cancelación de las celebraciones de Halloween.

«Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Pueden los niños celebrar Halloween? ¿Podemos separar el luto social de una celebración que tiene actividades dedicadas a la infancia? ¿O tenemos que poner a un niño de 6 años delante de la tele para que participe del drama? ¿Podemos separar cosas?», se pregunta de forma retórica Garrobo (@GarroboXXI).

Algunos de los que se oponen a que se cancelen las fiestas de Halloween dedicadas a los niños en colegios y ayuntamientos recalcan que las fiestas privadas en bares y discotecas sí se celebrarán, algo que les parece del todo incoherente. «Las fiestas de los pubs no se van a aplazar, ni las cañas en las terrazas. Se aplaza que niños se disfracen, se diviertan y tengan un día especial», lamenta DavidFromTheRose (@da_dedo).

De forma paralela a este debate, se desarrolla, un año más, el que mantienen los defensores de que se celebre una fiesta importada como es la de Halloween y los que son partidarios de los días de Difuntos y de Todos los Santos tradicionales, aunque esa ya es otra historia.

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