Los aficionados del Deportivo de La Coruña llevaban tiempo protestando por toda la parafernalia presente en los partidos disputados en el estadio de Riazor. Al alto volumen de la música que suena durante los partidos, a las cámaras indiscretas que filman a los hinchas durante los descansos y a las sobreactuaciones de un speaker que siempre estuvo cuestionado se ha sumado, en el último encuentro liguero ante el Racing de Santander, el humo procedente de unos artefactos preparados para funcionar si el equipo local marcaba un gol que afloró tras una jugada en la que el balón no llegó a entrar en la portería.
Este último episodio fue muy comentado en las redes sociales y no sólo por los seguidores del Deportivo que lamentaron cómo su club había hecho el ridículo con el inoportuno humo, sino también por aficionados al fútbol de todo el territorio nacional y, sobre todo, por los de los grandes rivales del equipo coruñés, que no desaprovecharon la ocasión para lanzar chanzas y burlas.
Los deportivistas exigen un cambio de rumbo por parte de la directiva y expresan su deseo de que los encuentros disputados en Riazor vuelvan a parecerse a partidos de fútbol y no a espectáculos más propios de competiciones estadounidenses como la NBA de baloncesto o la NFL de fútbol americano.
«Lo del humo y, en general, cómo trató el club a este partido fue una vergüenza. No somos un equipo americano, que haya un poco de seriedad», escribió el usuario de X Viudo de Idiakez (@ElCurry30), muy descontento con esa parafernalia que critican tantos fieles del Deportivo y que en el último partido resultó especialmente excesiva.
La comparación de lo que ocurrió en Riazor con lo que sucede en los recintos deportivos de Estados Unidos aparece en buena parte de los mensajes de descontento de los deportivistas y es que son muchos los que prefieren que en el recinto coruñés se escuchen más los cánticos del público o el himno del Deportivo en forma de rock que, misteriosamente, lleva años sin sonar y menos los temas musicales de turno escogidos sin criterio alguno.
«Entre el humito, la KissCam y la megafonía… Creo que no es el momento de importar modas de USA. El dinero al césped. Odio eterno al fútbol moderno», comenta ErikaDx7 (@ErikaDX7), muy disconforme con todos los artificios que rodean a los partidos que el Deportivo juega como local.
Crisis de identidad
Más allá de las molestias que les genera el elevado volumen de la música o del ridículo que sienten ante episodios como el del humo, lo que más preocupa a los aficionados del Deportivo es la pérdida de identidad de su club derivada de la gestión de una directiva que parece más preocupada por el marketing que por el fútbol y la historia.
El periodista y escritor Nacho Carretero (@NachoCarretero) es uno de los deportivistas que alertan acerca de esa cuestión cuyo reflejo es toda la parafernalia mencionada. «La brecha que hay entre la identidad del Dépor y su hinchada es gigantesca y afecta a todos los ámbitos. El Dépor no puede ser un juguete de marketing en manos de alguien que no entiende nada del club ni de la ciudad. Speaker, Riazor como discoteca y, ahora, humo NFL. Desesperante», escribió el autor de libros como Fariña y Nos parece mejor, esta última obra precisamente sobre el Deportivo.
El también periodista Rodri Suárez (@RodriSurez1), que fue miembro de los Riazor Blues, es otro de los que detectan esa pérdida de identidad y añora el ambiente que había en el estadio del Deportivo en los años 80 y 90 del siglo pasado, mucho antes de que llegaran la parafernalia y los artificios de la actualidad. «Había tifo, canciones de la gente y ambiente brutal a pesar de las pistas de atletismo. Todo hecho por la propia afición. La megafonía sólo anunciaba bicicletas en momentos muertos. Bebíamos 5,5º. Devuelvan Riazor al hincha», manifestó en X.
La opinión de estos periodistas, cuyo deportivismo está fuera de toda duda, es la misma que la de muchos otros aficionados del club coruñés. Los hay que incluso reconocen que cada vez sienten más pereza a la hora de ir al estadio a animar a su equipo debido, precisamente, a la «americanización» de los partidos.


