Así combaten el frío invierno los habitantes de las ciudades de Rusia

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Este invierno está siendo especialmente duro en España, pero los registros de temperaturas, de viento, y de nevadas no se acercan ni remotamente a los de países como Rusia, cuya población está más que acostumbrada a convivir con el frío y cuenta con diversas fórmulas para combatirlo y mantener la actividad incluso en los días más duros. Anna Logvinova, residente en San Petersburgo, explica a El Sereno Indiscreto cómo viven bajo cero y cuáles son sus hábitos en la época invernal.

Lo primero que comenta Anna es que, al frío y a la nieve del invierno en Rusia, se suma la escasez de horas de luz y es que, en ciudades situadas en el extremo norte de Europa, como es el caso de San Petersburgo, la presencia del sol se reduce de forma drástica y las noches parecen eternas. Tanto es así que son muchas las personas que no pisan la calle en todo el día durante las horas de luz natural.

«Los días son cortos y las noches se hacen muy largas. Vamos a trabajar en plena oscuridad y regresamos igual. La gente no suele salir del lugar de trabajo para comer, así que prácticamente no vemos la luz del sol» explica Anna Logvinova sobre el invierno de San Petersburgo que, aunque es más benévolo que el ciudades rusas ubicadas en regiones como Siberia, es mucho más frío que el que las ciudades de países como España pueden registrar incluso en los años más duros.

No es casualidad que los rusos busquen el calor del hogar o del centro de trabajo, pues la calefacción en Rusia, debido a la gran cantidad de recursos naturales con los que cuenta el país, es mucho más barata que en la Unión Europea. Y menos mal porque, tal y como cuenta Anna, «la calefacción tiene que estar encendida durante todo el día y durante toda la noche». En Rusia no existe, por tanto, el dilema de si encender o no la calefacción: se pone a funcionar y punto.

«Funciona la calefacción en todas partes, también en los autobuses del transporte público. La calefacción es casi la única cosa que es más barata para nosotros. La verdad es que si comparamos el precio con el de otros países no sale mucho más barata», apunta esta habitante de San Petersburgo, que añade que casi todos los edificios de Rusia tienen calefacción central instalada.

Ropa para cubrirse de la cabeza a los pies

El frío invierno de Rusia hace que quienes viven en el país modifiquen de forma considerable sus hábitos en el vestir y en el comer durante ese período del año. Ponerse varias prendas de abrigo y modificar la dieta son rutinas que quienes viven en ciudades como San Petersburgo tienen muy interiorizadas.

«Llevo abrigos de plumas y muchas capas de todo. Varias camisetas, varios jerseis, camiseta térmica, pantalones térmicos, botas altas… También me pongo unos calcetines gordos para no tener frío en los pies», relata Anna, que reconoce que no le agrada demasiado el invierno de su ciudad. «No me gusta el frío y adoro el verano. En invierno siempre tengo frío», dice entre risas.

La idea es que el frío no penetre al cuerpo por ningún sitio y, por eso, también la cabeza y la cara deben ir bien cubiertas. «En los días más duros del invierno tenemos que cubrir también la cara. Lo único que queda sin cubrir en la calle son los ojos», cuenta Anna, que precisa que, para proteger la piel de cara y manos, que «se reseca mucho», son muchos los rusos que recurren a cremas hidratantes.

Otro elemento importante de la indumentaria invernal en Rusia son las prendas elaboradas con pieles de animales, aunque su elevado precio hace que su uso, si bien mucho más común que en otros países, no esté tan generalizado como algunos piensan. Con todo, las pieles en Rusia son un símbolo de estatus y los movimientos contrarios a su uso son en el país muy minoritarios, por no decir inexistentes.

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Anna Logvinova camina sobre un manto de nieve durante uno de los fríos días invernales de Rusia

«Los abrigos de piel en Rusia no son tan criticados como en otros países. No hay ningún tipo de conflicto social con las pieles desde el punto de vista ético o animalista. Las pieles son un artículo de respeto y estatus, dan la imagen de que quien las lleva es una persona rica. Los que llevan un abrigo de piel natural marcan una posición alta en la sociedad», explica Anna, que añade que quienes tienen una economía más modesta siempre pueden recurrir a las pieles sintéticas, que «también están muy de moda y no cuestan un dineral».

Platos de cuchara muy calientes y bebidas con vitaminas

Pocos menús hay en Rusia de los que no forme parte algún tipo de plato de cuchara bien caliente. Incluso en verano, los habitantes del país gustan de tomar este tipo de alimentos, pero lo que en los meses estivales se hace por gusto o costumbre, en el duro invierno se convierte casi en una obligación para mantener el cuerpo caliente y el organismo en pleno funcionamiento.

«No comemos nada demasiado especial, eso sí, todo lo comemos muy caliente. También tomamos bebidas que nos aporten vitamina D, de la que a veces tenemos déficit por la falta de luz solar. También usamos más el ajo y la cebolla en la cocina», comenta esta residente en San Petersburgo, que también menciona la costumbre de llevar siempre a la calle un termo con café o té y la abundancia de puestos de venta de bebidas calientes en la vía pública.

Atascos y accidentes que no interrumpen la rutina

En las ciudades rusas, el frío viene con frecuencia acompañado de la nieve, algo que tiene repercusiones en el día a día de los habitantes de las mismas, sobre todo en cuanto se refiere al tráfico. Los accidentes de coche, aunque sean en la mayoría de los casos de carácter leve, provocan atascos en no pocas ocasiones y, con ello, que la gente llegue tarde a sus compromisos laborales o sociales. Pese a ello, la vida sigue y quienes viven en San Petersburgo o Moscú ya se han acostumbrado a lidiar con esas situaciones.

«Hay atascos y la gente llega tarde. Hay muchos choques de coche por la nieve y el hielo, que hacen que los coches patinen. Todo va más despacio, pero la vida no se para y todo sigue funcionando. Ya estamos acostumbrados, aunque no limpian las calles con la frecuencia que deberían y la gente se queja», relata Anna sobre el día a día durante el frío invierno de Rusia.

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