La imágenes de las terrazas de las cafeterías del centro de las ciudades completamente llenas, de las colas interminables en las heladerías y de los restaurantes sin una sola mesa vacía han generado sorpresa, incluso cierta indignación, por resultar contradictorias con un contexto económico y social en el que los ciudadanos no hacen más que quejarse de la dificultad para pagar el alquiler de una vivienda o del incremento de los precios en el supermercado.
«Luego dirán que no hay dinero y que todo es muy caro» es una de las frases que, con pequeñas variaciones, más han repetido quienes, con las redes sociales como altavoz, expresaron su sorpresa ante la ocupación de los negocios de hostelería. Muchos están convencidos de que muchos de los que disfrutan de copas y cañas en unas terrazas que no son precisamente baratas son los mismos que después manifestarán sentirse preocupados e incluso deprimidos debido a su situación económica.
«Semana Santa: bares y terrazas a reventar… pero todo el mundo sigue llorando que hay crisis. Colas para comer, monas de 40 euros, barbacoas de 200 a 300 euros por familia y rondas de cañas como si mañana no existiera. Gasto medio por persona: entre 400 y 700 euros fácil. Luego el lunes: «no llego a fin de mes, todo está carísimo». ¿En qué cojones quedamos?», escribió en la red social X Cuñado cripto (@cunadocripto).
La imagen de la zona de La Marina de A Coruña con las terrazas a rebosar fue una de las que más se comentaron en las redes sociales. Se da la circunstancia de que la ciudad gallega es una de las urbes españolas declarada como zona tensionada por las supuestas dificultades de los vecinos para pagar los elevados precios del alquiler.

«Esa misma gente, a partir del lunes, dirá ante cualquier micrófono de cualquier televisión que en España no se puede vivir y que todo es muy caro», manifiesta Manuel Castiñeiras (@Manolo67554861) como comentario a unas imágenes de la mencionada zona de A Coruña.
Más allá de que los comentarios puedan parecer más o menos exagerados, lo cierto es que esta Semana Santa, una vez más, ha quedado demostrado que una de las últimas cosas que sacrifican los españoles es el típico ocio de caña y terraza. Ya habrá tiempo para lamentarse cuando vengan mal dadas, pensarán algunos.


