La invasión de campo perpetrada por miles de aficionados del Deportivo de La Coruña para festejar el asenso al terminar el último partido de la temporada en el estadio de Riazor pasará a la historia del club coruñés como uno de los momentos más icónicos y visualmente llamativos de su historia, pero lo que comenzó como una espontánea muestra de alegría y felicidad derivó en saqueo y es que algunos hinchas blanquiazules aprovecharon el barullo para cobrarse sus propios trofeos de guerra en forma de trozos de césped, recortes de las redes de las porterías e incluso asientos de las gradas.
Fueron muchos los seguidores del Deportivo que, ya estuvieran entre los que saltaron al césped o entre los que se quedaron en sus localidades, apoyaron la invasión por considerarla una muestra de euforia mucho más espectacular y atractiva que los enlatados festejos preparados desde la directiva del club. Lo que no apoya casi ninguno es el expolio que trajo consigo, cuya magnitud pone en riesgo incluso que se dispute en el recinto coruñés el partido entre las selecciones de España e Irak previsto para el próximo jueves.
Algunos de los que se llevaron trofeos de guerra de la invasión a sus casas, lejos de ocultar su fechoría, presumieron en las redes sociales de la cosecha obtenida, con foto de lo saqueado y todo. «Pues nada, ya tengo uno del último partido en La Romareda y uno del ascenso a Primera de mi Dépor. Buenos souvenirs me llevé», escribió el usuario de la red social X Barberismo9 (@Barberismo9) como comentario de una foto en la que se observa un asiento y un trozo de césped. Ese mismo tuitero, tras la avalancha de críticas que recibió por mostrar su botín, expresó su sorpresa ante el revuelo que había generado. «La que me está cayendo por llevarme un trocito de césped y un asiento de recuerdo», comentó.
Casi todos los deportivistas apoyan la invasión, los hay que incluso toleran que se haya arrancado césped, pero casi ninguno comprende qué ha movido a algunos hinchas a romper los asientos para llevárselos o a deteriorar los aspersores y algunas cristaleras. «Saltar al campo, llevarse un trozo de red, sacarte la foto, cantar algo… todo perfecto. Ir a reventar una cristalera, reventar tu asiento a propósito para llevártelo luego, romper la portería y pensar que había vía libre para destrozar Riazor, no», manifiesta Varepe (@varepe_).
«¿De verdad que es necesario todo esto? ¿Qué clase de tara tienen algunos?», se pregunta Juan Castro (@bikertotal), que hace esa reflexión en una publicación de X en la que adjunta fotografías de algunos de los destrozos perpetrados por los hinchas del Deportivo que saltaron al césped de Riazor.
Destrozos al margen, lo cierto es que la invasión de campo en Riazor ha dejado una imagen icónica, con grandes y pequeños disfrutando de un ascenso tan deseado como celebrado. El club, a través del criticado speaker del estadio, lanzó reiterados mensajes para que los aficionados no saltaran al césped, pero fue en vano. Ni esas palabras ni las fuerzas de seguridad, en clara infinidad numérica frente a los hinchas, pudieron evitar la invasión.


