Unos culpan a los centros y a los profesores por ser demasiado benevolentes, otros cargan contra los padres por eludir responsabilidades y tampoco faltan los que alertan de los efectos perniciosos de los teléfonos móviles y de las dificultades de los alumnos llegados de otros países, pero prácticamente todos los que han visto los resultados del Informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) coinciden en su preocupación ante el descalabro de la educación en España, con unos alumnos que presentan unos niveles de comprensión lectora y de dominio de materias como las matemáticas muy inferiores a los que les corresponden por e curso en el que se encuentran.
España pierde ante otros países desarrollados (en el Informe PISA participan alumnos de entre 15 y 16 años de 90 países) y también ante sí misma, pues registra los peores resultados de su historia. Con respecto al anterior informe, correspondiente al año 2022, los alumnos españoles pierden 23 puntos en comprensión lectora, 16 en matemáticas y 8 en ciencias.
Entre los que pusieron el grito en el cielo ante los resultados del Informe PISA, abundan los que achacan la crisis de la educación en España a la baja exigencia que los profesores y directivos de los centros tienen con los alumnos y es que, según afirman quienes defienden esta tesis, parece haberse impuesto un modelo que busca más que los estudiantes pasen de curso a cualquier precio que lograr que lo hagan con los conocimientos necesarios.
«Van a salir de las aulas sin saber interpretar un texto o hacer una regla de tres, pero rebosantes de «inclusividad». Destruir el mérito y regalar los títulos solo sirve para fabricar ruina generacional», escribió en la red social X Lobo Castizo (@Lobo_Castizo) acerca de esa falta de exigencia en los centros educativos.
La moda de enseñar competencias emocionales por encima del contenido tradicional de las materias y de que los profesores estén más pendientes del efecto de sus clases sobre el estado psicológico de los alumnos que de que arraiguen en ellos los conocimientos es otra de las cuestiones a las que aluden quienes detecten una merma de calidad en la enseñanza.
«Esto es por la cuqui-pedagogía chupi-guay que ha destrozado la educación. El drama de PISA tiene muchos factores, pero uno de ellos es que hoy en día muchos niños de 8 años no saben ni leer una frase porque los pijos pedagogos han transformado las aulas en un chiquipark«, comenta Ana Polo Alonso (@Nanpolo).
Otra de las causas del fracaso es, según algunos de los que opinaron acerca de los resultados del Informe PISA, es el excesivo uso o, mejor dicho, el abuso que los niños hacen de los teléfonos móviles y de otros dispositivos electrónicos, no sólo por el tiempo que pasan pendientes de ellos sino también por el tipo de contenidos de consumo rápido a los que acceden a través de ellos. De ahí que muchos alumnos desconozcan, por ejemplo, nombres de algunos de los referentes de la literatura española y, sin embargo, estén enterados del último vestido que se ha comprado la influencer de turno o del videojuego al que ha jugado su streamer preferido. Además, la irrupción de la Inteligencia Artificial ha llevado a que tareas que antes requerían un esfuerzo, que era lo que propiciaba el aprendizaje, se hagan ahora con un simple click.
«El Estado puede ayudar regulando el acceso a las pantallas, pero no sirve de nada si los padres no ponen límites a sus hijos. Hay que entender el peligro que tienen esas tecnologías para nuestro futuro. Pueden ser herramientas útiles, pero hay que medir su uso», comenta Eduardo Saldaña (@EduardoSaldania), que considera que parte de la responsabilidad de ese mal uso que hacen los alumnos del teléfono móvil es culpa de los padres.
También hay, todo hay que decirlo, muchas personas que opinan que el de las pantallas es el menor de los problemas del sistema educativo actual o, al menos, no uno de los más importantes y, para ello, se sirven de hechos como que Corea del Sur y Japón, dos de los países con mayor implantación de las nuevas tecnologías en la sociedad, son dos de los que mejores resultados obtienen en cuanto a educación.
La presencia cada vez mayor de alumnos hijos de inmigrantes o nacidos en el extranjero en las aulas es otras de las causas que mencionan los que buscan los motivos por los que España obtiene tan malos resultados en el Informe PISA, basándose en la premisa de que los estudiantes que tienen problemas con el idioma empeoran la media.
Sobre la responsabilidad del Gobierno y del resto de administraciones, son muchos los que creen que, lejos de intentar resolver el problema, los políticos propician el deterioro de la educación por ser más fáciles de manipular y adoctrinar los ciudadanos con un nivel cultural bajo.
«Cuanto más inculto, más manejable es el rebaño», escribió en X el exjugador de baloncesto Alfonso Reyes (@alfreyes14), uno de los que piensan que los gobernantes son los que más ganan con una sociedad falta de conocimiento y enganchada a los contenidos de consumo rápido que abundan en las redes sociales.
Más allá de las causas mencionadas, algunos son todavía más pesimistas y creen que el problema es mucho más profundo y radica en el modelo de sociedad que se ha impuesto, en la que el conocimiento ya no se valora y en la que, en muchas ocasiones, son los más ineptos y vagos los que triunfan y los que se esfuerzan los que más dificultades tienen para prosperar.
«El problema de la educación española no es que los alumnos no sepan matemáticas o no tengan comprensión lectora. Es algo más terrible: ha desaparecido el deseo de conocimiento y el esfuerzo por adquirirlo. No es un problema de la educación. En este mundo, es el triunfo de la ignorancia», lamenta el escritor Manuel Vilas (@Granvilas).


