Los vinos de Rías Baixas en la provincia de A Coruña: ejemplo de producción sostenible con apego al territorio

vinos Rías Baixas

La mayoría de los consumidores asocian la Denominación de Origen de Rías Baixas con la provincia de Pontevedra, pero en la de A Coruña existen cerca de una docena de bodegas que trabajan bajo el amparo de esa marca de calidad y que elaboran unos vinos con arraigo en el territorio que llegan a la mesa tras un proceso que refleja un claro compromiso con la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente.

Las bodegas de la provincia de A Coruña que se enmarcan dentro de la D.O. Rías Baixas están ubicadas en el territorio que se conoce como la Subzona Ribeira do Ulla y, en su mayoría, son pequeñas explotaciones que tienen su origen en la tradición familiar o en el amor por la cultura vitivinícola de quienes las pusieron en marcha.

Este último es el caso de Mar de Envero, proyecto que inició Manyo Moreira en el lugar de Rarís, en el municipio coruñés de Teo, para cumplir un sueño. Cuenta este enólogo que, tras regresar a Galicia después de haber trabajado para diversas Denominaciones de Origen españolas, decidió dar el paso e iniciar su propio negocio. «Esta no es una bodega al uso, es un sueño materializado. Plasmo aquí mis inquietudes. Lo normal es que una bodega tenga cuatro o cinco referencias, pero yo aquí puedo estar haciendo once vinos diferentes», comenta acerca de su gusto por innovar e ir más allá del Albariño con el que empezó todo y que acapara la mayor parte de su producción para incluir también en su oferta propuestas como un tinto elaborado con las variedades Sousón, Mencía y Pedral y un blanco monovarietal de Treixadura procedente de uvas de cultivo ecológico.

Como «pequeña y familiar» define la bodega Gómez y Rial su gerente, Fernando Bermúdez. La viticultura sostenible es una seña de identidad para este proyecto, que también se ubica en el municipio de Teo y que cuenta con tres hectáreas de viñedo y con unos vinos cuyos aromas son fruto de un territorio que, incluso dentro de la zona que engloba la Denominación de Origen Rías Baxias, tiene unas características particulares que lo hacen diferente. «Nacimos en el año 2001 y procuramos hacer una viticultura sostenible», comenta Bermúdez, que recalca que «por el tipo de tierra, cada uno sabe lo que tiene en su viñedo».

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Viñedos de Gómez y Rial, en el municipio coruñés de Teo / Imagen: Gómez y Rial

Adega Valdés, bodega ubicada en Santa Cruz de Ribadulla, en el municipio de Vedra, es otra de las que operan bajo la Denominación de Origen Rías Baixas en la provincia de A Coruña. David Ledo, enólogo de esta empresa, pone el acento sobre la importancia que tiene la actividad vinícola «para dar a conocer los productos de la zona y favorecer el turismo y la actividad hostelera». Como experto, hace hincapié en la relación directa entre las características y la calidad de un vino, el territorio en el que crece la uva y el proceso de cultivo y elaboración.

El auge del turismo de los últimos tiempos ha propiciado también el aumento del número de viajeros que hacen de la cultura del vino una de las motivaciones de sus desplazamientos y la Subzona Ribeira do Ulla no es ajena a este fenómeno. Proyectos como el de Enoturismo María Manuela, que combina, en el municipio de Boqueixón, el cultivo de la vid y la producción de vino con el alojamiento que ofrece en unas cabañas ubicadas en pleno bosque, son un claro ejemplo del buen maridaje de la actividad vitivinícola y la turística.

Vinos con arraigo

Si hay algo a lo que hacen referencia todos los representantes de la industria vitivinícola amparados bajo la Denominación de Origen Rías Baixas en la provincia de A Coruña al hablar de las características de sus vinos es a lo mucho que estos están condicionados por el territorio en el que crecen las uvas empleadas para su elaboración. Las condiciones del suelo, el clima y el relieve determinan sabores y aromas, haciendo de estos vinos unos grandes embajadores de la campaña A paisaxe que sabe, que puso en marcha la Deputación da Coruña para promocionar el turismo sostenible a través de una gastronomía enraizada en el territorio.

«En la zona del Ulla, las diferencias de temperatura diarias son más acusadas que en la costa, porque no tienen ese refresco que da el mar. Eso es algo óptimo para la generación de aromas», explica Manyo Moreira acerca de cómo los vinos de su bodega Mar de Envero son expresión de un territorio muy concreto.

Manyo Moreira Mar de Envero
Manto Moreira posa en la bodega Mar de Envero / Imagen: Mar de Envero

Fernando Bermúdez, de Gómez y Rial, detecta también esa clara vinculación de los vinos de Rías Baixas en la provincia de A Coruña con el territorio de Ribeira do Ulla. «Los vinos dependen del territorio. En nuestro caso, son aromáticos, frescos en boca, con un punto de acidez y con esa amargura que caracteriza a la variedad Albariño», señala.

Aunque la mayoría de la uva que cultivan los responsables de estas bodegas es de Albariño, algunos se animan a probar con otras variedades. Al tinto de Sousón, Mencía y Pedral y al blanco de Treixadura de cultivo ecológico elaborados por Mar de Envero, antes mencionados, se suman, entre otros, el blanco plurivarietal y el tinto de Mencía de Adega Valdés.

«Nuestros vinos, como cualquier Rías Baixas, son frescos. Además de Albariño, hacemos plurivarietal con Caíño, Treixadura y Albariño y un tinto con uva Mencía, aunque este último de forma muy simbólica», informa el enólogo de Adega Valdés, David Ledo, que también hace alusión a un espumoso 100% Albariño.

Cultivo sostenible y cuidado del territorio

Para la industria vitivinícola, hace tiempo que la búsqueda de la sostenibilidad dejó de ser algo optativo para convertirse en una obligación y quienes cultivan la uva y producen vino en el territorio de Ribeira do Ulla lo tienen claro. Reducir el uso de productos químicos, optar por abonos naturales y evitar la sobreexplotación del suelo son algunas de las pautas que siguen para proteger un ecosistema que es mucho más complejo de lo que podría pensar alguien ajeno a este sector.

«Intento evitar ciertos tratamientos y me gusta mantener la fauna beneficiosa, que está constituida, principalmente, por los insectos que, con su actividad, ayudan a reducir los tratamientos fitosanitarios. Me gusta, por ejemplo, que haya mariquitas, porque se comen ciertas plagas. Por el mismo motivo, también es bueno que esté presente la mantis, que se alimenta de otros insectos. Las abejas y los abejorros nos ayudan con la polinización. Quiero que toda esa fauna esté en mi viñedo y, por eso, evito, en la medida de lo posible, recurrir a tratamientos demasiado agresivos», expone Manyo Moreira, que en las tierras de Mar de Envero utiliza una desbrozadora intercepas que le permite desterrar el uso de herbicidas y aprovecha los restos de la vendimia como abono.

viñedos Mar de Envero
Manyo Moreira en los viñedos de Mar de Envero / Imagen: Mar de Envero

La apuesta por la sostenibilidad, tal y como menciona este viticultor, implica sacrificios, al conllevar una mayor inversión y, en algunos casos, una merma en la productividad. «En la finca que tengo en ecológico, tengo que ceñirme a los productos que me permite el Consejo Regulador de Agricultura Ecológica de Galicia (CRAEGA). En las otras, a veces utilizo ciertos productos, pero los herbicidas jamás tocan mis fincas. El cultivo ecológico impone ciertas limitaciones. En la finca ecológica, por ejemplo, estoy obteniendo unos 2.000 kilos cuando podría obtener 6.000. Trabajar en ecológico en Galicia y más en nuestra zona es bastante complicado porque hay mucha carga de enfermedades por hongos, principalmente el mildio», señala Moreira, que precisa que para controlar ese tipo de plagas, fuera de la finca ecológica, sí utiliza productos algo más agresivos porque «no es posible hacerlo sólo con cobre y azufre».

También mima mucho las fincas Fernando Bermúdez, que asegura que, en Gómez y Rial, las viñas se visitan «a diario» y que sólo se recurre a los tratamientos fitosanitarios cuando es estrictamente necesario. «Trabajamos las cubiertas naturales, dejamos hierba natural y, entre plantas, cortamos todo con desbrozadora. Cada dos o tres años, hacemos análisis de las tierras para conocer lo que les hace falta», relata Bermúdez, que tiene claro que «cuantos menos productos químicos, mejor».

La política de limitar el uso de los productos químicos más agresivos se sigue también en Adega Valdés, aunque, tal y como reconoce el enólogo David Ledo, a veces no queda otro remedio que recurrir a ellos. «En abonos y otros tratamientos, usamos lo necesario porque, al final, esto tiene que ser rentable», apunta tras recalcar la importancia de encontrar un equilibrio entre el cuidado del ecosistema y el de los cultivos.

vinos Rías Baixas
Cabaña en el bosque de Enoturismo María Manuela / Imagen: Enoturismo María Manuela

La sostenibilidad es también un principio irrenunciable en Enoturismo María Manuela, cuyas cabañas en el bosque se integran dentro del paisaje y cuya bodega cuenta con certificación de eficiencia energética. El uso de productos químicos está también muy limitado y las soluciones naturales siempre tienen preferencia. «Creo que hay que apostar por nuestra tierra y, sobre todo, por nuestro paisaje, que es lo que nos diferencia de otras zonas. Tenemos que mostrar la maravilla de naturaleza que tenemos y, por eso, nosotros apostamos siempre por la natural y en nuestro monte tendemos hacia la mínima intervención», señala Nieves Millán, que puso en marcha junto a su marido este proyecto que combina la actividad vitivinícola con la turística.

El enoturismo, un escaparate para la promoción y la comercialización

El enoturismo está de moda y cada vez son más los amantes del vino que aprovechan sus viajes para conocer bodegas y descubrir los secretos que se ocultan tras el cultivo de la vid en diferentes territorios. Algunas de las bodegas que operan al amparo de la Denominación de Origen Rías Baixas en la provincia de A Coruña ofrecen experiencias para los visitantes que van desde los alojamientos en cabañas del bosque de María Manuela hasta las clásicas visitas a los viñedos y catas.

El de María Manuela es un proyecto enoturismo de gran originalidad y es que pasó de limitarse al cultivo de la vid para comercializar la uva a crear sus famosas cabañas y, para que ello fuera posible, también una bodega en la que elaborar sus propios vinos de Albariño. «No fue simple, porque se trataba de una finca rústica y en una finca rústica no se puede construir, aunque lo que se construya sean cabañas de madera, pero había un punto en la ley que decía que si hacíamos producción y transformación podíamos hacer las cabañas. En nuestro caso, hacer transformación era tener una bodega y hacer vino. Este es un proyecto en el que una cosa nos fue pidiendo la otra», recuerda Nieves Millán.

cabaña enoturismo
Interior de una de las cabañas de Enoturismo María Manuela / Imagen: Enoturismo María Manuela

Otras iniciativas para vincular la actividad vitivinícola con el turismo en la Ribeira do Ulla no son tan ambiciosas como la de María Manuela, pero sí logran el objetivo de difundir la cultura del vino y de dinamizar la comarca. «Hacemos visitas, tanto a los viñedos como la bodega y también degustaciones. Creo que el enoturismo es un punto muy importante, porque nos permite enseñar lo que hacemos: cómo se cultiva, cómo se recoge, cómo se elabora… Al final, ayuda a vender al público final evitando intermediarios, que es lo que interesa», destaca Fernando Bermúdez, de Gómez y Rial.

Aunque las visitas no son frecuentes en Adega Valdés, los responsables de esta bodega y quienes trabajan en ella son conscientes del potencial del enoturismo. «Veo el enoturismo como algo muy positivo. Por un lado, ayuda a que las bodegas se den a conocer y es algo con lo que la gente disfruta mucho y, por otro, es una forma de sacar el producto de forma directa», opina David Ledo, que informa de que Adega Valdés «recibe visitas, pero muy poca cosa».

Ni siquiera las bodegas que, por sus circunstancias particulares, han renunciado a desarrollar iniciativas enoturísticas propias ponen en duda lo mucho que éste puede aportar, no sólo a quienes viven del cultivo de la vid y de la elaboración de vino, sino a todo el tejido económico de la zona. «Diseñé la bodega para darle protagonismo, única y exclusivamente, al vino y, a día de hoy, no tengo contemplado desarrollar proyectos de enoturismo porque la infraestructura no es amable para las visitas. En todo caso, veo el enoturismo como algo muy positivo. Las visitas generan ventas pero, para mí, el principal motivo es la difusión, porque el consumidor, una vez descubre todo el trabajo que hay detrás de una botella de vino, lo aprecia mucho más, evita hacer comentarios despectivos y entiende que puede pagar el precio que está pagando», expone Manyo Moreira, que sí se muestra dispuesta a enseñar la bodega de Mar de Envero a quien desee conocerla de una forma más informal.

Fomento de la cultura del vino

Fomentar la cultura vinculada al mundo del vino es uno de los objetivos a los que puede contribuir el enoturismo y es que los profesionales y empresarios del sector coinciden en que los patrones del consumo han sufrido importantes cambios en los últimos años. Los datos demuestran que los jóvenes consumen cada vez menos vino y que éste está cada vez menos presente en la mesa, tanto en los hogares como en los restaurantes.

Sobre esta pérdida de esa cultura del vino, Manyo Moreira opina que quizás se ha fallado a la hora de enseñar a las nuevas generaciones la cultura y la tradición asociadas a la actividad vitivinícola, así como la importancia de la misma desde el punto de vista económico y social. «Quizás nuestras generaciones no supieron transmitir a los jóvenes todo lo que implica beber un vino. Beber vino no es sólo beber alcohol, es mantener una tradición y una cultura. Hay mucha cultura y muchas familias detrás», lamenta. «Me molesta cuando se demoniza a las bebidas alcohólicas y se mete a todas en el mismo saco», añade.

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Manyo Moreira incide en la importancia de enseñar todo el trabajo que hay detrás de una botella de vino / Imagen: Mar de Envero

Desde la bodega Gómez y Rial, Fernando Bermúdez tiene una opinión similar y considera que «la cultura del vino se está perdiendo» y que para revertir la tendencia es necesario despertar el interés, no sólo por el producto en sí, sino por todo lo que lo rodea. «Tengo 52 años y recuerdo que, cuando era pequeño, mis padres ya me inculcaban esa cultura del vino. Con 10 o 12 años ya probábamos el vino, aunque no fuera Albariño. Antes, el vino siempre estaba en la mesa y ahora ya no está tanto y hay otras cosas. Un vino es para disfrutar con la familia o con amigos, pero tiene que haber una base. Si no sabemos inculcar a la gente el gusto por el vino, mal vamos», opina.

El enólogo David Ledo detecta esa caída en el consumo, si bien indica que, asociado a ella, hay una tendencia a que quienes consumen vino busquen más la calidad. «Es cierto que la gente joven consume menos alcohol y la hostelería lo nota mucho y no es por cuestión económica, porque pasa también en restaurantes a los que suele ir gente de dinero. Por otra parte, si hablamos de cultura de vino, sí creo que el consumidor es cada vez más experto y aprecia más la calidad», señala.

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