La gran mancha que deja la final del Mundial 2026 que terminó con la victoria de España es el juego sucio desplegado por los futbolistas de la selección Argentina, que se pasaron el encuentro cometiendo faltas, protestando y perdiendo el tiempo y que, aún cuando el mismo ya había finalizado, se dedicaron a increpar e incluso agredir a sus rivales españoles cuando estos estaban de celebración.
La agresión del futbolista de Argentina Leandro Paredes al español Eric García y su posterior forcejeo con Gavi fue la imagen más lamentable del pospartido, pero no fue lo único que pasó. El veterano defensa argentino Nicolás Otamendi tuvo una fuerte discusión con Rodri, nombrado mejor jugador del Mundial, para acusar a los españoles de haber «llorado» antes de la final para tratar de condicionar al árbitro. Poco le importaba al central de La Albiceleste que el arbitraje fuera descaradamente favorable a su selección, con dos goles anulados a España, uno de ellos de forma inexplicable, y con grandes reticencias a mostrar tarjetas, por más que acabara expulsando a Enzo Fernández.
La FIFA ya ha informado de que abrirá una investigación para esclarecer todo lo ocurrido al terminar la final y para decidir qué sanciones procede imponer a los futbolistas implicados. De no recibir un duro castigo jugadores como Paredes, se sentaría un precedente muy peligroso para futuros encuentros en los que sucedieran hechos similares.
Que esta selección argentina se mueva en el terreno del juego sucio no debe sorprender a nadie y, de hecho, prácticamente todos los periodistas y analistas habían advertido de que La Albiceleste trataría de suplir sus carencias técnicas frente a La Roja mediante lo que se conoce como el otro fútbol, es decir, el fútbol de las faltas, de la simulación, de las protestas y de los parones.
Comportamiento antideportivo, también en la victoria
Muchos atribuyen el vergonzoso comportamiento mostrados por algunos futbolistas de Argentina en la última final del Mundial a la frustración derivada de la derrota, pero lo cierto es que en la cita de 2022, en el que La Albiceleste terminó como campeona, hubo también episodios de juego sucio y de actitudes antideportivas.
En aquel Mundial de 2022, el partido de cuartos de final disputado entre las selecciones de Argentina y Países Bajos tuvo momentos de gran tensión y, como rúbrica, una escena bochornosa de los futbolistas albicelestes celebrando en la cara de los neerlandeses y con gestos provocativos y de mal gusto una victoria que llegó en los penaltis. Tampoco supo Argentina ganar en la final, con la imagen del portero Emiliano ‘El Dibu’ Martínez colocándose el trofeo del Guante de Oro en los genitales después de una tanda de penaltis que se pasó provocando y molestando a los tiradores rivales quedó para los anales de la infamia.

De todos esos comportamientos de los compañeros de Messi que, eso sí, es sin duda uno de los más grandes futbolistas de la historia, se salva el seleccionador Lionel Scaloni que, tanto en 2022 como durante el recién terminado Mundial de 2026, siempre mostró un comportamiento impecable y una educación que contrastan con lo que hacen sus pupilos. Tras la final, sin ir más lejos, Scaloni se abrazó con su homólogo español Luis de la Fuente, que había sido su mentor en el pasado cuando se preparaba para ser entrenador profesional.


