La comarca coruñesa de Betanzos es tierra de vino y, para preservar y promover ese legado vitivinícola, nació la Indicación Xeográfica Protexida (IXP) Viño da Terra de Betanzos, un sello de calidad que ha contribuido a poner en el mapa los caldos de un espacio geográfico caracterizado por su clima atlántico y por la calidad de sus productos gastronómicos. Fueron los propios productores de la zona, en su mayoría pequeños, quienes decidieron dar un paso al frente con el objetivo de proteger su actividad y toda la cultura ligada a ella.
De la historia y evolución de los vinos de esta comarca y de la IXP Viño da Terra de Betanzos es buen conocedor Tonecho Meixide, miembro del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo y máximo responsable de Adegas Bordel, considerada como la bodega más pequeña de España y ubicada en el municipio de Abegondo. Cuenta este experto bodeguero que la producción de vino en la zona estuvo tradicionalmente ligada al autoconsumo y a la venta de excedentes en los llamados loureiros, alpendres o estancias en las casas donde los vecinos acudían con viandas para tomarse unos vinos.
«Gran parte de la producción de vino en Betanzos y en su comarca era para autoconsumo, con cierta venta de excedentes en los loureiros, donde no se servía en botella sino que se cogía directamente del pipote. Con el paso del tiempo ya aparecieron negocios habilitados como las bodegas», relata Meixide.
Aunque esa tradición vitivinícola aún está ahí, el sector del vino en esta comarca, como en tantas otras, ha superado un período de crisis derivado de la falta de relevo generacional. «El sector pasó de tener mucha gente produciendo para autoconsumo y con venta de excedentes a perder, al inicio del siglo XXI, gran parte del tejido productivo. Las personas se hacían mayores y los negocios y el mercado iban desapareciendo», explica el propietario de Adegas Bordel, que recuerda que Betanzos llegó a tener una gran feria del vino que se celebraba en primavera y que reunía a todos aquellos pequeños productores.
En la actualidad, son cinco las bodegas adscritas a la IXP Viño da Terra de Betanzos: Pagos de Brigante, Rilo, Beade, Lorenzo Bescansa y Bordel. Todas ellas trabajan para mantener vivo el legado de sus antepasados y la tradición vitivinícola de toda una comarca.
Sabor ligado al territorio y cuidado de las variedades autóctonas
Si algo tienen claro los impulsores de la IXP que identifica a los vinos de la comarca de Betanzos es la importancia de cuidar y promocionar las variedades de uva autóctonas y, de todas ellas, es la de Branco Lexítimo la que se ha convertido en su predilecta. De la importancia de este tipo de uva y de su relación con el territorio habla con pasión Tonecho Meixide. «Las variedades no son exclusivas de un territorio determinado, aunque en cada comarca, históricamente, siempre se utilizaban las variedades que mejor se adaptaban a su territorio y a sus condiciones climáticas y, en nuestro caso, la Branco Lexítimo es la estrella y la que nos representa, aunque no había mucha uva de ese tipo cuando se empezó con la IXP», expone.
Los productores de la comarca de Betanzos trabajan tanto con vinos blancos como tintos y, además de la mencionada variedad Branco Lexítimo, utilizan otras, tanto autóctonas como introducidas, como es el caso de Mencía y Merenzao, para tintos, y Agudelo, para blancos. Contar con esa diversidad no está ni mucho menos reñido con mimar de una forma especial las uvas más representativas del territorio.

«En la IXP debemos utilizar las variedades que nos hacen exclusivos, porque se trata de algo que forma parte de nuestro patrimonio», precisa el dueño de Adegas Bordel, que informa de que la Branco Lexítimo, aunque autóctona y típica de la comarca betanceira, está en muchas otras zonas, como es el caso de algunas regiones de Asturias y de la provincia de León, de la comarca de Barbanza e Iria y de la Ribeira Sacra.
Sobre los vinos que resultan de esas variedades de uvas cultivadas en la comarca de Betanzos, Meixide destaca que «tanto los blancos como los tintos se adaptan bien a todo tipo de alimentos». Añade el experto que el clima atlántico de esta zona de Galicia es determinante para las características de unos caldos que él define como «frescos, afrutados y de baja graduación».
Tan ligado está el consumo de vino a la gastronomía de la comarca que conforman municipios como Betanzos, Paderne, Sada, Pontedeume, Miño y Abegondo que, tal y como recuerda el máximo responsable de Adegas Bordel, «los tintos eran considerados como un alimento más ligado a la propia comida».
Fomento de la cultura del vino
El sector del vino afronta en los últimos tiempos el difícil reto que plantean los cambios sociales, con un consumo menor sobre todo entre los más jóvenes. La solución para mantener viva la tradición y para que el vino siga siendo un producto apreciado, pasa por incidir en la formación y por una correcta transmisión de los valores asociados a una bebida que, desde tiempos antiguos, tiene una gran relevancia social, cultural y económica.
«Se está dando un cambio importante en la sociedad y el vino tiene un componente social muy importante. Probablemente no se está haciendo todo lo posible para que la sociedad y, en concreto, los jóvenes comprendan todo lo que hay detrás de una copa de vino. No pensamos que vaya a caer en picado de la noche a la mañana, pero es muy importante la culturización y la formación de la sociedad», comenta Tonecho Meixide.

En ese sentido, el propietario de Adegas Bordel, anima a quienes forman parte del sector a enseñar a consumir el vino, apreciando tanto su sabor y aroma como todo lo que rodea al cultivo de la vid. «Los vinos tienen historia de pasado, de presente y de futuro, pero hay que seguir trabajando en la dinamización para enseñar que no se trata de consumir por consumir. Hay que incidir en lo que los vinos representan para nuestro territorio y para nuestra sociedad», señala.
Una de las mejores herramientas para lograr esa culturización de la que habla Meixide, siempre y cuando se utilice de forma responsable, es el turismo y es que cada vez son más los viajeros que recurren al vino como pretexto para conocer un determinado territorio. Aunque en la comarca abarcada por la IXP Viño da Terra de Betanzos el enoturismo no está tan desarrollado como en otros territorios, quienes forman parte del sector vitivinícola en esta zona son muy conscientes del papel que éste puede desempeñar como motor de dinamización.
El enoturismo es mucho más que visitar una bodega o participar en una cata comentada. Es patrimonio, historia, cultura, gastronomía, tradición… y, de todo eso, la comarca de Betanzos tiene mucho que ofrecer. «La actividad vitivinícola ha moldeado un paisaje determinado y ha generado un patrimonio natural y cultural. Todo eso, a día de hoy, tiene mucho valor. El turista no viene sólo a beber vino, viene también para ver lo que representan los vinos de la tierra en el ámbito socioeconómico, empresarial y cultural», recalca Meixide.
El dueño de Adegas Bordel destaca el trabajo realizado por la Deputación da Coruña, con el vicepresidente Xosé Regueira a la cabeza, para fomentar un turismo responsable y sostenible en la provincia. Se trata, en definitiva, de atraer turistas sin caer en la masificación que tanto daño hace en ciertos destinos.
«Tiene que haber un equilibrio para que el turismo sea sostenible en el tiempo y la Vicepresidencia de la Deputación da Coruña ha hecho un trabajo muy importante en ese sentido. Tenemos que colaborar entre todos para ayudar a que los turistas comprendan lo que hacemos y sepan apreciarlo», analiza Meixide, que informa de que cada vez son más las empresas y particulares que invierten en turismo o que lo tienen en cuenta de forma prioritaria al tomar sus decisiones de negocio.
El camino de la sostenibilidad
La sostenibilidad es mucho más que un simple concepto para quienes producen bajo el paraguas de la IXP Viño da Terra de Betanzos. Todos ellos son conscientes de que, en su actividad, hay que preocuparse por mucho más que por los resultados económicos y por el volumen de la cosecha. La relación directa entre el sector vitivinícola y el territorio convierte el cuidado del medio ambiente en una obligación.
«Es necesario, incluso imprescindible, buscar la sostenibilidad y, también para eso, son fundamentales la formación y la investigación. Toda la vida hubo años con cosechas buenas, años con cosechas malas y años con cosechas regulares, pero ahora se cae con frecuencia en el error de buscar la rentabilidad a toda costa. La rentabilidad es muy importante, pero no es suficiente. A veces parece que todos los años tienen que ser buenos y eso no es así», analiza Meixide, que sabe bien de lo que habla por su trabajo en el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo.

Conocimiento y trabajo diario son las claves para lograr ese equilibrio entre la actividad productiva y el respeto por el territorio que la hace posible. Como explica Meixide, que se ofrece para ayudar en la consecución de ese objetivo a todo aquel que necesite sus conocimientos, «hay que convivir mucho con el viñedo y tener gente experta».


